En los últimos veinte años, y con muy pocos momentos de excepción, la Argentina ha padecido un acentuado deterioro de la unidad social. Las políticas públicas han actuado debilitando los vínculos sociales básicos que forman la trama de nuestra identidad y convivencia, y los particulares han actuado procurando adaptarse y defenderse, reforzando así esa tendencia.
Valores esenciales como la igualdad de oportunidades, la solidaridad, el enaltecimiento del mérito, la confianza en la palabra dada, el reconocimiento de las jerarquías construidas por la honradez, el conocimiento, la idoneidad y la generosidad, han sido menguados, dejando aparecer soluciones individualistas extremas, búsquedas del éxito personal a cualquier precio e incluso defensa de la vida, la libertad y la propiedad mediante soluciones privadas.
Con semejante inversión de valores, la sociedad argentina arriesga perder el rumbo y ya manifiesta de manera inquietante el padecimiento de la intolerancia, las formas violentas de palabra y de hecho y un apocamiento de las energías colectivas, resultado natural de un estado de “sálvese quien pueda”.
En el terreno de las políticas concretas, se ha desequilibrado la primacía de la educación pública a favor de las soluciones privadas, la seguridad pública por la privada, el transporte público colectivo por el individual, la salud pública por la privada; y se han pospuesto insensiblemente las inversiones indispensables en servicios urbanos de agua y cloacas, saneamiento de ríos, protección del medio ambiente, provisión de energía a valores equitativos para los distintos grupos sociales y regiones del país, y ejecución de una política de viviendas acorde con los cambios territoriales y el avance demográfico.Con todas esas acciones y omisiones, la unidad social argentina, que fue la fuente de nuestro progreso y del continuo crecimiento de nuestra clase media, está hoy gravemente deteriorada. Y nos cuesta pensarnos a todos, juntos, construyendo un país mejor y un futuro a nuestra medida. El futuro de una sociedad unida es mucho más grande que la suma de los futuros individuales, y esta diferencia nos interpela cuando nos resulta difícil pensar en un porvenir mejor.
La Argentina desunida y debilitada está sacrificando en ese mismo proceso los valores de la democracia y de la república y perdiendo el papel de sociedad de vanguardia en la construcción de una civilización latinoamericana de alta calidad. Los tiempos mundiales nos abren un nuevo espacio para nuestra región, pero es la Argentina la que debe hacer honor a su historia marchando adelante para esa construcción. La sociedad argentina socialmente desunida y hasta quebrada, no puede encarnar ese hermoso sueño colectivo.
Ha llegado el tiempo de volver a juntarnos para aplicarnos con tesón, inteligencia y coraje a reconstruir nuestra unidad social por todos los medios, en el tiempo que sea menester, para reencontrar la armonía interna y sacar a luz todo el potencial de nuestro pueblo.
“Construir un país integrado”. Esta es, en síntesis, la propuesta fundamental del programa de gobierno que la Unión Cívica Radical pondrá a consideración de la ciudadanía para las elecciones presidenciales del 2011.
Queremos un país sin millones de excluidos que no tienen techo, ni educación, ni salud, ni seguridad, ni futuro, pero también un país en el que nadie se considere por encima de los demás, beneficiándose de la impunidad.
Tenemos desde hace unos años un ciclo de fuerte crecimiento. Se ha sabido responder a la demanda mundial de alimentos con una eficiente movilización del espíritu emprendedor, la innovación tecnológica y los recursos naturales.
Sin embargo, este crecimiento no ha llegado con sus beneficios a todos los argentinos por igual. Pese a lo que sostiene y divulga el Gobierno Nacional, la distribución del ingreso es hoy igual a la del mejor momento del peronismo de Menem. Nada ha cambiado, a pesar de que la Argentina lleva casi una década de fuerte crecimiento.
La experiencia populista se ha agotado. Lo demuestran las dificultades crecientes para gestionar el Estado, para gestionar la seguridad, para gestionar el bienestar de la ciudadanía, para gestionar el conflicto social. Frente a esto, ha emergido una postura conservadora que solo demanda más exclusión y represión a gran escala.
Frente al populismo agotado y el conservadorismo represivo la UCR propone un modelo de desarrollo social, humano, cultural, político, económico integrador y sustentable. Porque creemos que sin desarrollo el crecimiento actual será efímero y quedará desperdiciado, abriendo la puerta para una nueva frustración.
Está a la vista que el desarrollo no se produce espontáneamente. Que no se genera solo por repartir ayudas de supervivencia entre los que han quedado a la intemperie, mientras el crecimiento es disfrutado solo por los ocupantes del poder y sus amigos y se desvía hacia la corrupción y los negociados improductivos.
Vemos que el desarrollo no se logra con un gasto estatal desenfrenado, sin ocuparse de los cambios estructurales, que aumentar el intervencionismo estatal y la presión fiscal no significa que esto redunde a favor de los que menos tienen, que utilizar una retórica progresista no implica implementar políticas de progreso.
No hay desarrollo cuando solo se aprovecha el crecimiento desde una estructura económica perimida, cuando no se han cambiado las bases económicas sentadas en los 90. Desarrollo es privilegiar, potenciar y calificar a nuestra gente, cambiar la estructura productiva, modernizarla, hacerla más inclusiva y lograr de ese modo que el crecimiento perdure.
Es evidente que el enfrentamiento del Gobierno con algunos sectores sociales claves de la economía no ha redundado en la mejora de quienes, se sostiene, serían los beneficiarios del conflicto. Para el oficialismo la economía es un juego de suma cero: si alguien gana, otro pierde, es la pura puja distributiva, el puro conflicto, la pura fractura.
Para nosotros, el desarrollo es un juego de suma positiva. Todos los argentinos podemos ganar con él. El desarrollo es la apuesta de la Nación entera, la apuesta que nos devuelve la esperanza de fraternidad. Es futuro y progreso para la enorme legión que no tiene un trabajo de calidad ni tiene siquiera un pequeño patrimonio, para nuestros profesionales, para nuestros empresarios, para nuestros estudiantes, para nuestros trabajadores, pero sobre todo para TODOS JUNTOS.
Lo mismo sucede a nivel internacional: el Gobierno ha llevado su concepción del conflicto al plano de las relaciones con los demás países, dividiendo el mundo en bandos, como si todavía siguiera existiendo la Guerra Fría. El resultado ha sido una profunda desconfianza internacional, que se ha traducido en una inversión económica cero y en una marginación del país en las decisiones internacionales importantes.
Para la UCR la Argentina aislada no tiene futuro, y debe conjugar sus decisiones soberanas con una integración estratégica e inteligente al mundo, que potencie y multiplique su inserción en el comercio internacional y que vuelva a ser respetada en su liderazgo en materia de derechos humanos, en asuntos culturales y en su influencia positiva en la región.
En el plano regional, hay que avanzar mucho más en la consolidación de la UNASUR y en la institucionalización del MERCOSUR -especialmente en la participación más equitativa en la toma de decisiones por parte de Uruguay y Paraguay- a la par de seguir afianzando la relación "especial" que tenemos con Brasil. También, la Argentina debe liderar la ampliación del MERCOSUR impulsando la incorporación de los demás países de América del Sur.
Construir una sociedad integrada significa, entre otras cosas, el pasar de la "cantidad" a la "calidad". Pasar de los grandes números a la sintonía fina. Cuando nos referimos a la calidad, nos referimos a reorientar y optimizar la gestión de las políticas públicas dándoles un sentido ciudadano y emancipatorio.
Los “grandes números”- el crecimiento del PBI, y la distribución de planes sociales-, a veces encandilan y ocultan la verdad. Necesitamos vincular la política a la calidad de vida y tener respuestas elaboradas, inteligentes y eficientes para una agenda social y ciudadana más compleja y diversa.
La UCR propone un decisivo cambio de enfoque: las ciudades son hoy, en el mundo, protagonistas centrales de la vida pública; es en ellas donde se expresan las tensiones, donde florece la creatividad y su dinámica, son las que garantizan o no la mayoría de los derechos ciudadanos: seguridad, vivienda, educación, salud, transporte, comunicación, esparcimiento y reconocimiento social.
Es entonces desde las ciudades, grandes, medianas y pequeñas, desde donde se da respuesta pública a las necesidades, demandas y aspiraciones de la ciudadanía, incluso los pobladores rurales. El 93 % de nuestra población vive en ciudades de más de 2000 habitantes; y la ciudad por su rol de articuladora territorial afecta a toda la economía y la organización social. Es también desde la ciudad de donde se le contesta a las oportunidades y desafíos que plantea la globalización.
Nuestra propuesta considera a las ciudades como las grandes protagonistas del Plan de Consolidación del Progreso Argentino. Su base será un verdadero entramado de ciudades: una red densa y participativa que las integre en términos de infraestructura de comunicaciones, de energía, de caminos, de ferrocarriles. Pero también de infraestructura productiva, comercial, de inversiones y negocios. Y de articulaciones para las ciencias, las artes y la innovación.
Deben conformar una red dinámica en la que los diferentes niveles institucionales tanto el Estado nacional, las administraciones provinciales y las Intendencias desarrollen sus actividades dentro de las competencias que les brinda la Constitución Nacional, mancomunados en un modelo de desarrollo integral, y en relación constante con la ciudadanía y sus expresiones organizadas.
LOS TRES PILARES DEL DESARROLLO: IGUALDAD, MODERNIZACIÓN PRODUCTIVA Y CALIDAD DE VIDA URBANA Y RURAL.
Como la experiencia comparada lo demuestra, el desarrollo sustentable que nos permitirá ser nuevamente una nación dotada de una dinámica social democratizadora descansa en tres grandes pilares, cuya consolidación hace a su mutuo reforzamiento.
IGUALDAD
El primero de esos pilares fundamentales para el desarrollo es el de la IGUALDAD. Consideramos que la sociedad argentina debe proponerse de nuevo la meta colectiva de la igualdad.
Hemos avanzado en la recuperación luego de la crisis sistémica que el país sufrió en el 2001. Pero, en gran medida, está limitada recuperación se dio más por un "efecto goteo" del fuerte crecimiento del que disfrutó el país que por una acción estatal coordinada y eficaz. La prueba está en que muchos países de la región, con un crecimiento más modesto que en la Argentina, pudieron sacar de la pobreza y la marginalidad un porcentaje mayor de sus habitantes. La desigualdad corroe la paz interior y el bienestar general; cercena las oportunidades vitales de los de "abajo" a la vez que confiere un sentido de superioridad e impunidad a los de "arriba"; genera intolerancia, prejuicio, desunión, desconfianza social, además de todas las patologías asociadas a la miseria y la exclusión.
Creemos en la combinación inteligente de la igualdad y la libertad. La igual dad no solo provee las oportunidades, sino que protege de la exclusión. La libertad legitima al mérito como determinante del progreso personal y colectivo.
De este modo, para la UCR el gasto público debe convertirse en inversión social que genere las condiciones necesarias para que cada uno pueda desempeñarse con autonomía, con libertad, y contribuya a la productividad y al desarrollo. Hay que ayudar a que cada uno pueda renovarse y avanzar, continua y autónomamente.
Las políticas de la UCR para una sociedad más igualitaria, más equitativa y más justa apuntan a tres aspectos fundamentales de la igualdad: la igualdad de derechos y responsabilidades, la igualdad de oportunidades y la igualdad en la posesión de un piso de capacidades competitivas.
La primera de las desigualdades que se debe combatir y desterrar es la extendida impunidad de la que gozan algunos poderosos, que abusan de su posición de privilegio ya sea económica, política o social. Todos debemos ser iguales ante la ley, todos debemos tener los mismos derechos y las mismas obligaciones, en un país con demasiados amigos del poder que saben que incumplir las disposiciones legales no les traerá ninguna consecuencia.
Ser iguales ante la ley significa tener tolerancia cero a la corrupción presente y futura, pero también pasada. No pueden quedar impunes los actos de corrupción de todos estos años. Deben ser investigados y castigados sus responsables. Si no garantizamos esta primera igualdad, la igualdad ante la ley, todas las demás igualdades serán aún más difíciles de lograr.
Igualdad ante la ley que significa un proceso constante de revisión de la adecuación de los marcos jurídicos a la evolución social, pero también que quien cometa delitos no disfrute de la impunidad. Frente al flagelo de la inseguridad, queremos ser particularmente claros: vamos a luchar muy fuertemente contra las causas sociales e institucionales que fomentan el delito y el crimen pero también vamos a luchar muy fuertemente contra quienes cometen delitos y crímenes.
Debemos definir, consolidar y garantizar el orden público de la democracia. Esto implica no solo una inteligente y completa política de seguridad pública, sino también nuevas garantías sobre el funcionamiento y la continuidad de los servicios públicos. La prestación de los servicios públicos en todos los campos no puede ser materia de apropiación para dirimir conflictos económicos, gremiales o políticos. Del mismo modo, el espacio público debe tener garantizada su intangibilidad para que todos podamos vivir en armonía y en el ejercicio de los derechos que garantizan la Constitución y las leyes.
Construir una sociedad integrada es volver a ser la tierra de oportunidades que la Argentina alguna vez fue. Necesitamos avanzar hacia la igualdad de oportunidades: que las oportunidades vitales no estén disponibles solo para un pequeño círculo social. La política pública social, educativa, de salud, de vivienda, no debe ser el premio consuelo de los que no pueden pagarse una educación privada, los que no tienen una prepaga, los que no pueden acceder al crédito. Necesitamos una política pública integral e integrada, de mejoramiento de las instituciones públicas, para que dejen de gestar “ghettos” que reproducen la pobreza y la marginación y pasen a ser verdaderas fábricas de integración social y personal.
Hoy estamos en condiciones de desterrar la marginación y la pobreza en la Argentina. Tenemos los recursos económicos para hacerlo, tenemos recursos humanos para hacerlo, pero se necesita una acción pública sistemática e inteligente que despliegue un esfuerzo nacional que debe combinar políticas educativas, sociales, habitacionales, de infraestructura urbana. Hoy podemos construir una sociedad integrada.
Nuestro propósito es pasar de un modelo de intervención estatal que llega tarde, mal y arbitrariamente ante los problemas sociales, cuando estos ya se han dado, por uno de Políticas de Bienestar Positivo, que brinde universalmente capacidades individuales para prevenir los problemas antes de que ocurran, y para que sea la misma persona la que autónomamente pueda construir sus rutas de ascenso y bienestar social.
Las Políticas de Bienestar Positivo están destinadas a revertir décadas de carencias sociales que perpetúan la pobreza y la marginación, pero también tiene como objetivo generar las aptitudes y competencias personales y comunitarias para el desarrollo sustentable general. Prioridad, dentro de estas políticas, es el ampliar, institucionalizar, y perfeccionar la por años demandada Asignación Universal por Hijo; en especial debe mejorarse y ampliarse el sistema de condicionalidades y monitoreo, para que no gocen de tales beneficios quienes no cumplan con los requisitos estipulados: vacunación, controles médicos, asistencia escolar primaria y secundaria. Esto vale especialmente para los casos de los niños más chicos en donde carencias nutricionales, sociales y afectivas tienen un impacto negativo muy importante sobre las capacidades futuras de desempeño.
MODERNIZACIÓN PRODUCTIVA
El segundo pilar fundamental del desarrollo que nos va a posibilitar construir una sociedad integrada consiste en la constante MODERNIZACION PRODUCTIVA de la Argentina. Porque desarrollo es cambiar la estructura productiva, modernizarla, hacerla más inclusiva y lograr de ese modo que el crecimiento perdure.
La ausencia de una “visión” común sobre el país y su economía y la consecuente falta de “previsión” son resultantes del accionar gubernamental. El mayor riesgo que enfrenta la Argentina es que el “cortoplacismo” impida al país aprovechar las oportunidades que la economía mundial le está presentando y que probablemente le va a presentar.
La UCR está comprometida con la tarea de construir tal visión común sobre el desarrollo, de convertir las antinomias en convergencias, de procesar el conflicto a través de las instituciones para volverlo enriquecedor y herramienta de futuro. La prioridad es superar la sociedad de suma cero que nos ha legado este gobierno, donde el bloqueo y la desconfianza conspiran contra el desarrollo, para establecer la concordia social que es su condición.
No hay otra forma de combinar crecimiento sostenido, equilibrio externo y una evolución favorable de los niveles de vida del conjunto de la sociedad que hacer del aumento sostenido de la productividad sistémica la clave de la competitividad de la economía. Una economía que no invierte, no ahorra y no exporta, tampoco crece. Se requieren inversiones que promuevan la sustentabilidad externa, y la difusión del cambio tecnológico y que eviten cuellos de botella en infraestructura.
El esfuerzo de inversión que demandará esta estrategia necesita, naturalmente, financiamiento. Sin embargo, es interesante recordar un hecho novedoso de la presente configuración macroeconómica. En la actualidad, la escasez de ahorro interno no parece ser la principal de las restricciones que enfrenta la economía, como sucedió en el pasado: el ahorro del sector privado se encuentra en niveles récord.
Bien mirado, el problema es que la incertidumbre sobre las reglas de juego y las decisiones de política provocan que el sector privado - incluso el más pequeño ahorrista - prefiera derivar al exterior y al colchón esa masa de recursos, antes que aprovechar oportunidades de inversión privadas y públicas, que están faltando. Garantizado un entorno estable y predecible de reglas de juego, la situación puede cambiar drásticamente.
Pero tanto para lograr un crecimiento sostenido como para mejorar los indicadores sociales es imperativo evitar que la economía argentina se envicie, una vez más, a funcionar en condiciones de alta inflación. Si se actúa antes de que esa tendencia se consolide, es perfectamente factible reducir gradualmente el ritmo inflacionario a niveles de un dígito, consistente con la inflación internacional.
La presión tributaria ha aumentado lo suficiente como para hacer viable una discusión acerca de la necesidad de un nuevo “pacto fiscal”, que incluya una perspectiva desde las políticas públicas (educación, salud, asistencia social, etc.). Los cambios también deberían abarcar el régimen fiscal federal. Nuestro país no puede seguir postergando la resolución de la cuestión federal. Ésta resolución deberá abarcar todas las dimensiones del problema, incluidas ciertamente las profundas asimetrías regionales que se vienen agravando desde nuestros orígenes.
Las actividades económicas, aún las más virtuales y tecnológicas involucran personas viviendo y trabajando en un territorio determinado. De allí que la estrategia de desarrollo de la UCR haga foco en las ciudades, como nodos de inversiones, negocios, infraestructura, capacitación y bienestar de una gran red nacional en conexión virtuosa con la red global. La conformación de estas redes productivas rompe de raíz con los falsos dilemas de la empresa grande vs. las PYMES, o del sector agropecuario vs. la industria o los servicios.
La Argentina es un país que posee una dotación privilegiada de recursos humanos y una dotación significativa de recursos naturales. Estos recursos combinados generaron un avance notable en los últimos años, no sólo en el sector agropecuario. Considerables recursos naturales favorecen las capacidades de crecimiento económico, pero no garantizan el desarrollo sostenido. Ciertamente, saber aprovechar esas ventajas debe ser el punto de partida. Las experiencias exitosas de desarrollo ponen de manifiesto, sin embargo, que el proceso de innovación y cambio tecnológico y la calidad institucional resultan más importantes que las ventajas estáticas para sostener el aumento de la productividad y el crecimiento económico.
Cuando se cuenta con una masa crítica de empresarios con espíritu emprendedor y disposición a asumir riesgos, el proceso de creación dinámica de nuevas ventajas comparadas en buena medida tiene lugar endógenamente. Pero en sus etapas iniciales, cuando esa masa crítica es aún incipiente, una estrategia de política apropiada puede y debe contribuir a impulsarlo.
En un mundo donde la información y el conocimiento se han vuelto elementos centrales de la economía, el otro factor clave de una estrategia enfocada al aumento sostenido de la productividad es la inversión en capital humano o, en otras palabras, la formación de recursos humanos crecientemente calificados. Esto requiere nada menos que un nuevo ordenamiento y una vigorosa potenciación de la educación. La tarea del desarrollo es para la UCR fundamental y esencialmente la de un “desarrollismo por los recursos humanos”.
Una herramienta decisiva para lograr este cometido será la implementación de Centros de Inversión Social, que funcionen tanto como agencia de capacitación y de empleo como de promoción de actividades y eslabonamiento productivo, y de descubrimiento de nichos de mercado. Estos Centros de Inversión Social estarán radicados a nivel ciudad e integrados a nivel tanto provincial como nacional, y abiertos hacia lo regional y lo global, formando parte esencial del Plan de Consolidación del Progreso Argentino.
CALIDAD DE VIDA URBANA
El tercer pilar del desarrollo consiste en la generación de políticas destinadas a la inclusión territorial y al mejoramiento del bienestar ciudadano.
Los habitantes de una determinada zona del país, urbana o rural, saben de la importancia que tiene la ciudad cabecera en donde realizan sus trámites públicos y privados y en donde reciben atención primera sus demandas de salud, de educación, de infraestructura, de seguridad.
La ciudad es la marca geográfica que organiza el territorio; en función de ella se estructura un entorno al que condiciona y del que depende. De una buena o una mala organización urbana dependen el tiempo disponible de las personas, o la dotación de lugares de ocio y encuentro, la necesidad de energía e incluso la conflictividad social.
Las ciudades difunden en su entorno la calidad educativa, la calidad sanitaria, la calidad de la seguridad, la calidad del esparcimiento, la calidad medioambiental, y la calidad política. Entrar a los problemas de la sociedad desde una perspectiva propiamente urbana es el acceso moderno a los problemas del conjunto.
El mejoramiento de la infraestructura urbana impacta decisivamente en la esperanza de vida, incluyendo la reducción de la mortalidad infantil, y hace fundamentalmente a una estructura de oportunidades vitales. Hoy los argentinos sufrimos la paradoja de pagar impuestos, como nunca en la historia, y no ser estos retribuidos con bienes públicos de calidad. Por el contrario, los que pueden, compensan esas deficiencias duplicando sus gastos: enviando a sus hijos a escuelas privadas, contratando seguridad privada, hasta viviendo en barrios privados, una verdadera anomalía urbana. El resto de la población, debe resignarse simplemente a padecer estos problemas: un medio ambiente contaminado, sin agua potable ni cloacas, bajo el miedo de la inseguridad endémica, sin una red de transporte público eficiente e integrada, sin energía accesible y sustentable.
Nadie mejor que los gobiernos locales para saber de las necesidades y esperanzas ciudadanas.
Por supuesto, coexisten en la Argentina una variedad de ciudades, con diferencias muy marcadas tanto en su tamaño como en el contexto geográfico y demográfico en el que se localizan, y en su identidad cultural.
Una preocupación fundamental para el próximo Gobierno de la UCR es tanto el de integrar y vertebrar el territorio nacional con políticas inclusivas como el de atender a las demandas y complejidades particulares de cada una de las ciudades y sus realidades.
Una fuente mayor de problemas lo constituye el de las áreas metropolitanas, con el caso paradigmático de la ciudad de Buenos Aires y su conurbano, pero también existe una tendencia a la conurbanización en el resto de las ciudades grandes.
Para la UCR la complejidad de las áreas metropolitanas demanda la constitución de una autoridad propia responsable, el Consejo Metropolitano, y la integración de un fondo especifico de reconfiguración del Área Metropolitana orientado a seis problemáticas básicas: seguridad; disminución, recolección y tratamiento de residuos; movilidad y transporte; agua y cloacas; calidad del espacio público y equiparación de servicios esenciales.
LOS INSTRUMENTOS PRIMEROS PARA EL DESARROLLO: ESTADO, EDUCACIÓN Y POLÍTICAS DE EMPRENDIMIENTO Y MÉRITO.
UN ESTADO INTELIGENTE COMO HERRAMIENTA CLAVE PARA UNA BUENA SOCIEDAD.
Una herramienta clave para el progreso es un Estado que contribuya a generar los recursos humanos, sociales e institucionales necesarios para el desarrollo, en una interacción virtuosa con un mercado dinámico, pero regulado para preservar su estabilidad.
Para esto, en primer lugar, se debe terminar con la improvisación, el aislamiento, la desconfianza y la arbitrariedad que abundan hoy dentro del Estado, siendo el caso emblema de esta destrucción lo que ha sucedido en el INDEC. Y es imperativo limpiar y salvaguardar al Estado de las interferencias de los intereses corporativos.
Se necesita de una dirección profesional de los Ministerios, y de una reconstrucción de la línea jerárquica de la administración pública. Los buenos funcionarios de carrera deben ocupar el lugar que merecen y simultáneamente se deben modernizar las estructuras del Estado a nivel nacional, provincial y local, utilizando las nuevas tecnologías para ponerlo más cerca de los problemas de los ciudadanos y de su control y participación.
El desarrollo demanda organizar un sistema de gobernabilidad democrática que se despliegue a través de modernos mecanismos de planificación estratégica y participativa. Necesitamos una “descentralización eficiente” que redunde en el potenciamiento de las energías locales y que fluyan desde allí hacia los niveles superiores de organización. Descentralización que implique la asignación de recursos pero también de responsabilidades; que implique un esquema de metas claras y realistas, con un sistema de incentivos para las jurisdicciones que se comprometan y alcancen los objetivos.
Propiciamos una descentralización administrativa acorde con lo que ordena nuestra Constitución, respetuosa de las competencias de cada uno de los niveles, pero sometida al control y a la participación ciudadana, merced a la implementación inmediata de mecanismos de transparencia del gasto, de la inversión, de participación en la definición y en el monitoreo del cumplimiento de los objetivos, y de la satisfacción de la ciudadanía.
La propuesta de la UCR es que simultáneamente se opere:
* una modernización del Estado en todos sus niveles incorporando los elementos tecnológicos que garanticen un monitoreo constante de parte de los ciudadanos y de las organizaciones de la sociedad sobre los objetivos de toda la administración pública, el origen de los ingresos públicos y el destino del gasto estatal, y el cumplimiento de esos objetivos.
* una reforma administrativa, que contemple tanto la “devolución” de competencias y responsabilidades perdidas por los niveles provinciales y municipales como la creación de nuevas instancias de gestión administrativa territorial: regiones interprovinciales, regiones intraprovinciales (que pueden ser diferentes siguiendo criterios funcionales - productivos, demográficos, sociales, etc., - en vez de solo político-territoriales).
LA EDUCACIÓN COMO POLÍTICA PÚBLICA DECISIVA PARA EL DESARROLLO.
Dentro del repertorio de políticas públicas que es responsabilidad ineludible del Estado, la gran apuesta de la UCR sigue siendo la herramienta de promoción social y de progreso que en la Argentina ha sido la EDUCACIÓN.
Sin embargo, en la última década la educación argentina ha sufrido un importantísimo deterioro, que se evidencia en el retroceso que nuestro país ha registrado en las evaluaciones comparadas con países vecinos y la desjerarquización de nuestras universidades, superadas tanto en el ámbito regional como en el mundial.
Hoy la escuela ya no es la institución fuertemente igualadora que fue en el pasado, habiéndose convertido antes en un confirmador y replicador de la situación social de quien asiste a ella. Tampoco se caracteriza por lograr altos estándares educativos, lo que nos coloca ante un doble problema a resolver urgentemente. Asimismo, cae la tasa de escolaridad, y cada vez son más los jóvenes que abandonan la escuela y ni estudian ni trabajan.
Esto no se debe a que escaseen recursos económicos destinados a la educación: ellos han aumentado en todas las jurisdicciones provinciales y hoy gastamos por alumno más que México, Brasil, Chile, Colombia y Uruguay, obteniendo peores resultados.
Más bien, resulta evidente la crisis de un modelo educativo y la necesidad de modernizarlo en sintonía con las experiencias exitosas, argentinas e internacionales y especialmente las regionales, en todos sus niveles, pero es esencial que el esfuerzo esté orientado hacia el cumplimiento efectivo de los objetivos curriculares obligatorios en la educación primaria y secundaria.
El Plan de Desarrollo Educativo de la UCR para 2011-15 coloca a la evolución y al progreso de los alumnos en el centro del sistema: es decisivo el liderazgo del gobierno nacional para que, en coordinación con las provincias, se alcance el monitoreo continuo de los progresos y de los problemas con los que se encuentran los alumnos, y la provisión de recursos y de capacitación especializada a las escuelas y docentes que confrontan más dificultades. Simultáneamente, se desarrollará un sistema de reconocimientos profesionales e institucionales para los docentes, directivos y establecimientos que exhiban logros en proporción con los desafíos asumidos: especialmente, mejorar la calidad en la enseñanza y aumentar el nivel de retención de alumnos.
Otro componente clave del Plan de Desarrollo Educativo es la participación de todos los sectores sociales en pos del objetivo de mejorar día a día nuestra educación. La idea central es trasladar recursos pero también responsabilidades y rendición de cuentas tanto a los alumnos como a los docentes y autoridades de las escuelas. En ese sentido, la política social debe estar íntimamente coordinada con la política educativa y debe estar planteada como respuestas a las necesidades concretas y específicas de cada caso, y no desde una idea general bajada desde arriba.
La crisis de calidad de nuestro sistema educativo ha llegado también a las universidades, que necesitan una reflexión inteligente y sincera para fortalecer la investigación, ofrecer a los estudiantes una orientación de sus estudios y de su vida profesional acorde con las necesidades y proyecciones de la sociedad y mejorar sustancialmente la relación entre ingresantes y egresados.
POLÍTICAS DE EMPRENDIMIENTO Y MÉRITO.
Mientras más entra el mundo en la sociedad del conocimiento más urgente es que la sociedad argentina recupere y reinvente políticas de apoyo al emprendimiento y a los emprendedores, y revalorice el mérito como razón del progreso personal y colectivo.
Pero el apoyo al emprendimiento y la valorización del mérito son incompatibles con la corrupción. La corrupción es el instrumento para destruir la calificación por el mérito, en todos los niveles y en todas las actividades, ya se trate de la promoción en una carrera o del éxito en una licitación. La corrupción también desvía las energías de los emprendedores, porque los coloca a la defensiva y los desprotege en caso de resultados adversos.
El emprendimiento y el mérito deben ser revalorizados en la sociedad, combatiendo también el exitismo exhibicionista que desestimula el esfuerzo y fomenta resentimientos sociales.
El empeño por reconstruir estos valores cubre todos los campos de la sociedad. En la educación el sistema de premios y castigos está desautorizado y en el colegio y la universidad los maestros que intentan establecer diferencias de calidades padecen la animosidad de los padres. En la comunicación y en la cultura el mérito ha quedado confundido con el éxito, y el éxito depende más del favor del príncipe o de la astucia comercial que de las calidades genuinas. En el campo social, la expresión de fuerza ha reemplazado a la persuasión como forma del diálogo.
En la construcción de las categorías de la sociedad no tenemos premios ni institutos que valoricen la invención, la originalidad y el esfuerzo. Todo se reduce a ganar más dinero o tener más apariciones en los medios. En estas condiciones el clima recoleto que caracteriza los trabajos profundos y de largo aliento en la educación, en la cultura, en la ciencia, en la tecnología, en la construcción social y en la formación política, se vive más como una carga negativa que como el clima necesario y deseable para esas labores.
Deberemos construir instituciones para sostener la idea de premios, especialmente para los jóvenes, asegurando la calidad y la transparencia de los escalones que deben transponer en todos los niveles educativos, en la formación deportiva y artística y en la participación comunitaria. Exámenes de idoneidad, premios a la excelencia individual y colectiva y estímulos morales para pasar a mayores esfuerzos deben volver a ser el paquete de instrumentos normal y colectivamente aceptados por toda la sociedad.
Es conveniente pensar en la institución de premios honoríficos con distinciones que formen academias o fratrías de la calidad y la excelencia, cuyo presidente debe ser el Presidente de la Nación.
En el campo económico, el emprendimiento y el mérito son valores insustituibles. El empresario de cualquier tamaño, que tiene la habilidad de reunir factores productivos de la sociedad de modo que, combinados por él, den un fruto más valioso que la suma de valores de los componentes, es un creador de riqueza indispensable para el progreso. En las sociedades modernas el empresario es un actor independiente de la propiedad del capital, de la tecnología o de los recursos naturales. Debemos reconocer a ese agente del cambio, interpretarlo, apoyarlo, estimularlo y representarlo.
Esa nueva riqueza así creada, debe tener institutos específicos para su protección y su orientación hacia nuevos emprendimientos, sin perjuicio de su necesaria contribución, por vía impositiva, al financiamiento del conjunto de las necesidades de la sociedad. En este sentido, en la Argentina debemos encarar una reforma impositiva que inicie el camino de este nuevo enfoque.
Política impositiva a favor de la reinversión de utilidades.
Política impositiva de fomento para la formación de jóvenes y personas insuficientemente capacitadas.
Política de estabilidad impositiva para nuevas inversiones.
Política de fomento para el crédito a largo plazo.
Creación de mecanismos de ahorro popular para aplicar a inversiones a largo plazo, sobre todo en inversión pública.
Política de preferencias impositivas para empresas no contaminantes.
Política de homogeneidad en las condiciones de concurrencia para los distintos factores que participan en el proceso productivo, combatiendo el uso irregular o destructivo de los recursos naturales y la manipulación de las remuneraciones del trabajo y de los aportes previsionales e impositivos.
También nos importan, en la condiciones del mundo moderno, las políticas que favorezcan el crecimiento del espacio económico exterior de la Argentina, apoyando a los emprendedores que, desde cualquier tipo de actividad empresaria y creadora, actúen en el exterior a favor del capital, el trabajo, la invención y los productos argentinos.
UNA CONVOCATORIA A LA DIRIGENCIA NACIONAL
La apasionante y enorme tarea del progreso demanda que la dirigencia comprenda las oportunidades que se le abren a la Argentina y haga un esfuerzo por ponerse a la cabeza de este proceso asumiendo todas las responsabilidades que le caben.
Sin dudas, la dirigencia política tiene que dar el ejemplo y la Unión Cívica Radical se compromete tanto a ser responsable ante la ciudadanía por sus políticas y su gestión pública, como a responder a las demandas con eficacia de gestión y efectividad gubernativa.
Asumir la función dirigencial significa reorientar las energías sociales de la protesta inorgánica en las calles a la participación institucionalizada y cívica. Pasar de las cúpulas enquistadas en las corporaciones a una democratización de ellas. Reconocer y habilitar a aquellos que han sido elegidos en comicios transparentes y participativos.
También es clave la participación y el compromiso de la juventud, quien ha sido siempre la columna vertebral de la UCR. El país necesita que nuestros jóvenes participen activamente en la política, que canalicen sus demandas y su participación en una organización que les ofrece mucho más que una simple posibilidad de expresarse aclamativamente. Es por ello que los jóvenes están especialmente convocados a participar activamente del proyecto de la UCR para el desarrollo.
A lo largo de toda su historia la UCR ha bregado por consolidar la igualdad de derechos de las mujeres, no solo como un imperativo moral, sino porque ellas representan la mitad de toda la potencia de la sociedad argentina y son protagonistas en la formación de las generaciones futuras. La marcha hacia la igualdad de géneros en términos de derechos, debe ser tan eficaz como para que el tema deje de ser crítico en la agenda pública.
EL VALOR DE LA EXPERIENCIA.
Para finalizar, la experiencia es el capital más importante del cual hoy disponemos los argentinos.
Sabemos que la democracia y las libertades públicas son imprescindibles, pero también que ellas no alcanzan, por sí solas, para potenciar a la sociedad de manera que crezca, se desarrolle y progrese. Se necesita de voluntad de poder para llevar adelante las reformas necesarias.
Sabemos que gobernar es por sobre todas las cosas el arte de construir acuerdos a partir del disenso político, pero somos conscientes de que para gobernar bien hay que liderar esos acuerdos.
Sabemos que para gobernar hay que disponer de buenos argumentos y persuadir con ellos a los ciudadanos, pero también que para gobernar con éxito se requiere la decisión firme de utilizar todo el poder del Estado para realizar el programa que el pueblo legitima con su voto.
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