"Amigas y amigos, compatriotas:
Créanme que he pensado mucho sobre la forma de empezar esta intervención.
Ya que se repite tanto que no soy conocido, quizás debería empezar diciendo simplemente:
Buenas tardes, ME LLAMO ERNESTO SANZ Y QUIERO SER PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA.
Pero lo primero es saludar a los que hoy están aquí, llenando este gran teatro, y agradecerles su presencia.
No quiero empezar hablando de mí, sino de nosotros.
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| Ernesto Sanz: Para Ganar. Para Gobernar. |
Miren: desde que en 1891 se fundó este partido, han ocurrido muchas cosas en la Argentina.
Nuestra Nación ha vivido la paz y la guerra, la democracia y la dictadura, la prosperidad y la miseria. Ha visto subir y caer gobiernos; ha visto a los héroes de un día transformados en los traidores del día siguiente. Ha vivido explosiones de alegría colectiva seguidas de momentos de depresión y melancolía. A ratos nos hemos sentido los mejores del mundo y a ratos los peores.
Pocas cosas han permanecido en su lugar durante estos 120 años. Una de ellas es la Unión Cívica Radical.
El partido de Alem, de Yrigoyen y de Alvear, de Frondizi, Illia y Balbín. El de Raúl Alfonsín.
El partido que siempre, en todos los momentos y en todas las circunstancias, ha defendido la libertad y la democracia, los derechos humanos y la convivencia pacífica entre los argentinos. Siempre. Siempre.
Nuestro partido no es de nadie y es de todos. No sólo de todos los radicales: de todos los argentinos.
Nadie tiene a su nombre un título de propiedad del radicalismo. Ninguno de nuestros grandes líderes pretendió tenerlo; y precisamente por eso, aún hoy son líderes reconocidos por todos nosotros.
Hemos sido fuertes cuando hemos mirado de frente a la sociedad y los ciudadanos nos han visto al servicio del interés general.
Y nos hemos debilitado cuando hemos caído en la autocontemplación y la melancolía o cuando nos hemos dejado atrapar por las querellas internas.
Ahora que una energía nueva recorre nuestras filas y nos sentimos fuertes otra vez, no olvidemos nunca esta lección.
Hoy volvemos a estar en condiciones de liderar una alternativa de gobierno que es creíble, que es viable y que es deseable para la mayoría.
No sé si el amor a este partido se lleva en la sangre, PERO LES ASEGURO QUE YO LO LLEVO EN EL ALMA Y EN EL CORAZÓN.
Y precisamente por eso, PORQUE SOY DE ESTE PARTIDO HASTA LOS HUESOS, les quiero decir que si vamos a ganar estas elecciones tendrá que ser con el apoyo de muchos millones de ciudadanos que ni son radicales ni lo van a ser nunca, ni siquiera se sienten especialmente cerca de nosotros.
No ganaremos por el hecho de ser radicales. Ganaremos si somos capaces de poner en pie un proyecto capaz de desbordar las fronteras partidarias y de movilizar a muchos millones de voluntades.
Desde ahora les digo que no voy a pedir el voto para el radicalismo.
Lo voy a pedir para liderar un proyecto de país que incluya a todos.
Incluidos muchos ciudadanos de buena fe que apoyaron al gobierno de los Kirchner porque creían sinceramente que era bueno para el país, pero que se dieron cuenta de que ha llegado la hora de abrir una nueva etapa.
Me presento a estas elecciones porque sé que estoy en mejores condiciones para sumar más, para construir una nueva mayoría, para liderar un proyecto de país más que de partido.
PORQUE ES CIERTO QUE SIN EL RADICALISMO, NO ARRANCAMOS. PERO SÓLO CON EL RADICALISMO, NO LLEGAMOS.
Si sólo nos conformamos con nuestros recuerdos, nos quedaremos a mitad de camino. Como tantas veces.
Estamos orgullosos de nuestros 120 años de historia.
Pero no olvidemos que en todo este tiempo sólo hemos gobernado durante 27 años. Menos de una cuarta parte. Desde que este partido existe, tres días de cada cuatro los ha pasado fuera del gobierno.
Basta ya de imaginar el futuro mientras otros gobiernan el presente. Para construir el futuro, hay que estar dispuesto a gobernar el presente.
No me presento para tener más votos que en las elecciones anteriores. Me presento para ganar primero y para gobernar después.
En la carrera de octubre no queremos quedar segundos ni terceros, QUEREMOS GANAR. No buscamos una derrota digna, sino una victoria histórica.
Pero para eso hay que ganar antes la carrera del 30 de abril. Sé que si pasamos la interna, vamos a levantar una ola de esperanza en todo el país y vamos a sumar apoyos en todos los sectores de la sociedad.
PUEDO HACERLO, QUIERO HACERLO Y TENGO LA DECISIÓN DE HACERLO.
Desde el primer día de esta campaña, muchos me han pedido que explique lo que me diferencia de Ricardo Alfonsín, y yo siempre respondo igual: prefiero que ustedes mismos establezcan la diferencia.
YO SÓLO ME LLAMO SANZ…
Tengo un pasado, como todos. Pero no me alimento del pasado ni aspiro a repetirlo. Toda mi fuerza está en el futuro pero no voy a permitir que el pasado me hipoteque.
Porque las respuestas que Argentina necesita hoy no las va a encontrar en lo que otros hicieron ayer.
Miren, los argentinos tenemos tendencia a identificarnos políticamente con referencias del pasado. Nos llamamos peronistas, o alfonsinistas, o kirchneristas.
Veneramos a los líderes de ayer, y está bien que eso ocurra. La Argentina de hoy no se explica sin ellos.
Pero ellos ya no están, amigos. Yrigoyen y Alvear ya no están. Perón ya no está. Raúl Alfonsín ya no está con nosotros. Néstor Kirchner se ha ido.
Recordarlos y respetarlos es de personas decentes. Aprender de su experiencia es sabio. Pero pedirles además que nos señalen el camino del futuro es pedir demasiado.
Como dijo Benedetti, cuando creíamos tener las respuestas nos cambiaron las preguntas. Y ahora le toca a esta generación escribir su propia historia.
Por eso yo no voy a pedir el voto de la nostalgia, sino el voto de la esperanza.
Y mirando hacia adelante, ha llegado el momento de hablar claro y fuerte. Este gobierno que, como todos, ha hecho cosas buenas y malas, ya no da para más.
Lo que antes fue impulso, ahora es freno.
Donde parecía haber convicción democrática, hay obsesión por controlarlo todo y por mantenerse en el poder a toda costa.
Lo que en su momento se presentó como una renovación de la política, se ha convertido en una sucesión de engaños, manipulaciones y falsificación de datos para tapar los problemas.
OBSESIONADOS POR VENCER, HAN RENUNCIADO A CONVENCER.
OBSESIONADOS POR MANDAR, SE HAN OLVIDADO DE GOBERNAR.
ESTE GOBIERNO TIRA LA ARGENTINA PARA ATRÁS.
Por eso, hoy más que nunca, este país necesita alguien que lo impulse hacia adelante.
Necesita un gobierno nuevo y distinto.
Que no vea a la mitad de los argentinos como sus súbditos y a la otra mitad como sus enemigos.
Que no sienta miedo ni meta miedo.
Que crea de verdad en la extraordinaria capacidad transformadora de esta sociedad y mire al futuro como nuestro mejor aliado y no como la mayor amenaza.
Por eso ha llegado el momento de que el pueblo argentino, con toda serenidad pero con firmeza, le diga en las urnas:
“Gracias y adiós, señora Kirchner”.
Quiero ser Presidente porque estoy convencido de que la Argentina está ante una enorme oportunidad. Y no tenemos derecho a dejarla pasar.
Lo diré en pocas palabras:
La segunda década del siglo XXI puede contemplar el despegue de la Argentina para situarse entre los mejores países del mundo;
Pero también corremos el riesgo de quedarnos en el vagón de cola del tren que, después de muchas décadas, pasa delante de nosotros.
El momento de dar el salto es ahora. Porque ahora, cuando el mundo cambia a nuestro alrededor todo está jugando a nuestro favor.
Llevamos ya varios años de crecimiento. Pero en estos años,
• No ha bajado la pobreza,
• No se ha reducido la brecha entre los más poderosos y los más débiles,
• Nuestras empresas no han dado el salto tecnológico que necesitan,
• Antes exportábamos petróleo y gas y ahora tenemos que importarlos,
• Nuestros barrios no se han hecho más habitables ni más seguros.
• La educación pública es de peor calidad que hace diez años, y también lo es el sistema de salud,
• No hay viviendas dignas que un joven o un trabajador puedan pagar,
• Los servicios públicos no funcionan mejor, sino peor.
• Este gobierno sueña con un tren bala o un gasoducto a Venezuela, pero para ir de Rosario a Mar del Plata hay que pasar por el Obelisco; y para prender una estufa en un barrio humilde hay que comprar una garrafa.
Y si esto es así, ¿QUÉ DEMONIOS HA HECHO ESTE GOBIERNO CON EL DINERO?
La economía crece y el gobierno hace alarde de eso; pero los argentinos no viven mejor, y el gobierno no responde por eso.
Está claro que hay que convertir el crecimiento en desarrollo. Y esto es responsabilidad de quien gobierna.
El desarrollo consiste en que lo que se produzca en el agro, en la industria o en los servicios lleve incorporado el conocimiento de quien lo genera.
Que nuestros empresarios y trabajadores sean productores pero también creadores.
Creadores de una nueva variedad de vino, como ocurre en mi provincia; o de un reactor nuclear que se venda a otros países; o de un sitio de internet que se use en toda América Latina.
Un país que crece y progresa.
Que su riqueza esté afirmada en sus tierras, en sus caminos, en sus máquinas y, sobre todo, en la capacidad productiva y transformadora de su gente.
Al fin y al cabo, un país progresista es un país en el que las personas progresan.
Y para eso hay que crear puentes entre la Argentina que produce y trabaja y los que tenemos responsabilidades políticas, hay que hacer que la Argentina vuelva ser una gran empresa colectiva.
Yo quiero hacerlo y lo voy a hacer. ELLOS, LOS QUE MANDAN HOY EN LA ARGENTINA, NO LO HAN HECHO NI LO HARÁN.
Este es el momento de dar el gran salto. Les propongo que demos el primer gran paso.
Es el momento de que la Argentina se libere de todo aquello que la frena, que la ata y que le impide desplegar todas sus capacidades.
Nos frena la incertidumbre, el no saber qué va a ocurrir mañana.
Por eso hay que cambiar las incertidumbres que nos debilitan por certezas que nos fortalezcan.
Que la gente sepa que si se aprueba una ley, la ley se cumplirá;
Que si van al banco, habrá billetes;
Que no dé miedo meterse en un crédito;
Que si salen a la calle, podrán caminar sin que los asalten;
Que si se enferman, habrá quien los atienda;
Y que si mandan a sus hijos a la escuela, habrá quien se haga cargo de ellos y los eduque.
También nos frenan el miedo y la inseguridad
Nunca el miedo hizo avanzar a un país
El miedo es el mayor enemigo del progreso. Y quien siembra el temor en la sociedad, no quiere el progreso; lo único que quiere es el poder.
Nos frena la desconfianza en nosotros mismos, la frustración y la melancolía.
Nos frena el pesimismo. Pero el cambio y el progreso sólo vienen cuando la esperanza se abre camino y derrota al pesimismo.
Nos frenan las desigualdades. Sobre todo, la desigualdad de oportunidades.
Yo no puedo prometer la felicidad a todas las personas. Ni garantizar que todos tendrán éxito en la vida. Pero sí me empeñaré en conseguir que todos tengan las mismas oportunidades de lograr lo que desean.
Quiero que hagamos la Argentina de los derechos y de los deberes.
Este es uno de los países donde los ciudadanos son titulares de la mayor cantidad de derechos, pero donde cada día es más difícil ejercerlos. Los derechos tienen que formar parte de la vida y no estar sólo en las leyes.
Pero también hace falta que cada uno asuma sus responsabilidades y sus deberes.
Y también nos frenan las divisiones absurdas, el sectarismo de algunos y las grandes peleas por cosas pequeñas.
Les aseguro que cuando sea Presidente nunca más habrá buenos y malos argentinos. Sólo habrá ciudadanos libres e iguales ante la ley.
Quiero que en la segunda década del siglo XXI este país despegue definitivamente. Y que lo haga con los pies en la tierra, sin ensoñaciones utópicas y confiando en sus posibilidades.
Y Ojo....No soy un ingenuo ni un soñador: soy un responsable político con experiencia, conozco muy bien a mi país, lo amo con pasión. Y me desespera ver que está ante la mejor oportunidad de progreso de su historia y puede perderla por la miopía y la mezquindad de sus actuales gobernantes.
Yo tengo ambición de país. A ellos ya sólo les queda la ambición de poder.
Miren, el voto de los ciudadanos es algo muy poderoso. Mucho más poderoso de lo que algunos creen. Y se lo vamos a demostrar a quien se atreva a ponerlo en duda.
En este momento quiero decirles una cosa muy importante y muy seria.
Y quiero decírselo sobre todo a ustedes, a los que son radicales o se sienten próximos a nosotros.
Muchos piensan que si ganamos las elecciones no vamos a poder gobernar. Que no nos van a dejar.
Piensan que hay en Argentina algunos poderosos que deciden quién puede gobernar y quién no. Y que sólo aceptan el resultado de las elecciones si el gobierno que sale elegido es el que a ellos les gusta. Si no, le hacen la vida imposible hasta derrocarlo.
Me refiero a quienes ustedes saben. A algunos que dicen representar a los trabajadores y en realidad se aprovechan del trabajo de otros y se creen los dueños del país.
Sé que es algo que preocupa a muchas personas de buena fe, dentro y fuera del radicalismo. Porque en el pasado, convengamos, sucedieron cosas que nadie desea repetir.
Pretender que hay alguien con derecho a veto sobre el resultado de las urnas es un atentado intolerable a la esencia misma de la democracia.
No es tan solo un chantaje al radicalismo, es un insulto a 40 millones de argentinos.
Pero lo más importante es que eso que dicen ha dejado de ser verdad. Que no va a ser verdad nunca más en la Argentina.
Porque las cosas han cambiado, y han cambiado para siempre.
Aquí ya no va a haber nadie que desestabilice a un gobierno democrático desde la calle. AL MENOS, NO LO VA A HABER MIENTRAS YO SEA PRESIDENTE DE LA NACIÓN.
Tenemos un Estado democrático que ya dura casi treinta años y que hoy es mucho más sólido. Un Estado que no se tambalea fácilmente ni se deja derrotar.
Créanme, quien pretenda hacerlo va a encontrarse con una respuesta popular que no puede imaginar.
Y SI ERNESTO SANZ ES PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA, HABRÁ ALGUIEN EN LA CASA ROSADA QUE NO SE DEJA ABRUMAR NI ACOMPLEJAR POR LOS FANTASMAS DEL PASADO.
El pueblo argentino puede perdonar los errores de un gobernante. Pero nunca perdonará la cobardía para afrontar los desafíos.
Siempre estaré dispuesto a dialogar con las organizaciones sociales.
Pero tengo que decir que me importa más los derechos de los trabajadores que el poder de las cúpulas sindicales.
POR ESO HOY Y AQUÍ LES ASEGURO QUE ESTE PRESIDENTE RADICAL GOBERNARÁ TODOS Y CADA UNO DE LOS DÍAS DE SU MANDATO HASTA QUE LOS CIUDADANOS EN LAS URNAS DECIDAN OTRA COSA.
Y cuando se compruebe lo que estoy diciendo, cuando un presidente no peronista empiece y termine su mandato con total normalidad, la democracia argentina y los trabajadores argentinos habrán dado un paso de gigante y se sentirán más fuertes y más libres.
Este es mi compromiso. Hacer que suceda está en vuestras manos. Para esto les pido también la confianza y el voto.
Ahora bien: los argentinos tienen derecho a saber qué tipo de presidente va a ser Ernesto Sanz.
Lo diré con pocas palabras antes de explicar cuáles serán las prioridades de mi gobierno:
Seré extraordinariamente firme en todo lo que tiene que ver con el imperio de la ley.
Seré sensible para ayudar a los más débiles, para que nadie se sienta excluido ni abandonado a su suerte;
Y seré ambicioso, muy ambicioso en lo que se refiere a la posición de Argentina en el mundo.
Miren, la mayor preocupación de los argentinos y el primer problema del país es la inseguridad.
Lo sabemos todos menos el gobierno. Y quien no quiere ver un problema difícilmente puede hacerse cargo de él.
Yo sí me haré cargo. Y lo voy a hacer dándole el rango que tiene en la vida de los argentinos: el número uno.
Uno de cada tres hogares argentinos ha sido víctima de un delito en 2010. Y si hacemos la cuenta de unos años más atrás, prácticamente no hay una familia en Argentina que se haya librado de esta plaga.
Ayer mismo en el Congreso la Presidenta de la Nación volvió a hablar de seguridad con ese doble discurso que siempre tiene.
Digamos las cosas claras:
Este Gobierno financió su campaña electoral con dinero sucio.
Este Gobierno protegió aerolíneas que traficaban droga a Europa.
Este Gobierno convirtió a la Argentina en un país sospechoso de complicidad con el delito y con el lavado de dinero.
Señora Presidenta, su Gobierno no tiene autoridad moral para hablar de seguridad porque hacen y dejan hacer lo contrario de lo que dicen. Sus actos desmienten a sus palabras.
Yo creo en el orden democrático basado en el imperio de la ley.
Yo quiero poder mirar a los ojos a cada ciudadano y decirle:
USTED tiene derecho a salir a la calle sin sentir miedo. USTED tiene derecho a mandar a sus chicos a la escuela sabiendo que regresarán sanos y salvos. USTED tiene derecho a que nadie se considere dueño de la calle para ocuparla ilegalmente o para ejercer la violencia. Y YO, PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA, TENGO EL DEBER DE GARANTIZARLE A USTED ESE DERECHO.
Lo primero que hay que atacar es el delito como negocio.
Hay un gigantesco entramado de negocios multimillonarios asociados a la delincuencia.
No sólo el narcotráfico. También están los desarmaderos de autos, los mercados de artículos robados, los medicamentos adulterados, las valijas llenas de dinero que entran y salen, los vuelos llenos de drogas o de material de contrabando, las coimas… Todo lo que sabemos que existe y el gobierno niega que exista.
Hay organizaciones criminales dedicadas a este tipo de delitos. Y hay redes clandestinas dedicadas a comprar y vender el producto de esos delitos.
Miles de millones de pesos moviéndose alrededor del crimen organizado. Y unos cuantos haciéndose inmensamente ricos a costa de la vida y la seguridad de muchos.
Quiero que se sepa que voy a perseguir hasta el final a los que organizan y dirigen. A LOS JEFES.
Voy a ir a buscarlos hasta ponerlos entre rejas. Voy a desarticular una por una las redes que controlan la economía del delito.
¿Es una amenaza? NO, ES UNA DECISIÓN.
Cualquiera que escuche estas palabras podría decirme: Sanz, es usted un iluso.
¿Cómo va a desmantelar la economía del delito si está metida dentro del Estado? ¿Cómo va a romper la complicidad de jueces, de policías, de algunos políticos y funcionarios con esas redes delictivas?
Y tienen razón.
No habrá lucha eficaz contra el delito mientras una parte del aparato del Estado sea cómplice.
Pero quiero ser justo. No es verdad que todos los jueces de este país, todos los policías y todos los altos funcionarios sean corruptos o cómplices. Ni siquiera la mayoría.
Localizar y castigar a los corruptos, sí. Pero frente a la corrupción, la mejor medicina es la preventiva.
No podemos confiar únicamente en la honradez de las personas. Tiene que haber un sistema de controles que impida los comportamientos corruptos.
En los países menos contaminados por la corrupción, no es que la gente sea más honrada; es que los controles funcionan.
Acá en la Argentina, fallan los controles y falla también la condena. Este gobierno no quiere saber nada de ninguna de las dos cosas: ni de controles ni de condenas.
Pero hay que impedir que las redes criminales recluten mano de obra aprovechando la marginación, el deterioro de los barrios o la desesperación de los jóvenes sin horizontes.
Hay demasiados jóvenes que nacen y crecen en condiciones extremas de pobreza.
Que viven en barrios que carecen de todo.
Que la mayoría de los días no van a la escuela o la abandonan demasiado pronto.
Que se acostumbran desde muy chicos a convivir con la violencia.
Que buscan y no encuentran un trabajo estable o una vivienda digna.
Y convengamos que hay mucha hipocresía en todo esto. Algunos dicen que hay que desarmar a la policía. Y esos mismos dicen que hay que encarcelar a niños de 13 años cuando cometan un delito.
Yo no estoy de acuerdo con ninguna de las dos cosas. La policía tiene que tener los medios necesarios para mantener el orden y hacer cumplir la ley. Y el lugar de un niño de 13 años no es la cárcel.
Esto es lo sensato y lo que dice el sentido común.
Si la primera preocupación de los argentinos es la seguridad, la segunda es la inflación.
Esto lo sabemos todos excepto el Gobierno.
Perdón, rectifico. El Gobierno lo sabe igual que todos nosotros. Pero quiere hacer como que el problema no existe.
Lo que este gobierno está haciendo con los datos oficiales de inflación. Es un atentado gravísimo a los intereses nacionales y a la imagen de Argentina. No nos cree nadie en el mundo.
No sé qué pretende ganar el gobierno mintiendo sobre la inflación, pero lo que gane el gobierno nunca compensará lo que pierde el país.
El país pierde porque esa mentira no reduce la inflación, al contrario, la aumenta.
Pierde porque se acumula descrédito y desconfianza. Porque nadie quiere traer su dinero a un lugar en el que no se sabe cuánto vale el dinero.
La inflación para los argentinos no es cualquier problema. Es algo que nos condiciona psicológicamente, que llevamos clavado en el corazón porque muchas de nuestras desgracias han tenido que ver con ella.
Y jugar con ese problema es jugar con fuego. Miren, si no hubiera además otros muchos problemas en la Argentina, sólo por esto ya estaría justificado sustituir a este gobierno.
Lo cierto es que tenemos una inflación que probablemente está por encima del 25%. Nosotros crecemos, pero los países que nos rodean crecen también y tienen una inflación de un dígito. A eso es a lo que llegará mi gobierno.
Lo primero es restablecer la verdad de los datos. Que ningún Moreno de turno pueda dictarle al INDEC los datos que tiene que dar.
La receta contra la inflación es la transparencia, la previsibilidad y la estabilidad de la política económica.
Que si usted crea una pequeña empresa, las reglas no cambiarán de un día para otro.
Que si es usted productor agropecuario, no vendrá un funcionario a cerrar las exportaciones y decirle cómo tiene que manejar su negocio. Ni a subirle las retenciones de un día para el otro.
Que si usted es jubilado su pensión se podrá actualizar sin que el gobierno le ponga trampas jurídicas.
Que si acude a un banco, sus ahorros estarán seguros y disponibles.
Si trabaja por un salario, sabrá cuánto vale su dinero a fin de mes.
Y si recibe la asignación universal por hijo, ésta no perderá valor todos los meses.
Yo no pretendo que la inflación baje veinte puntos en un año. No sería posible ni razonable, pero invirtamos la tendencia. Hagamos que la curva que ahora va hacia arriba, comience a ir hacia abajo.
Hagamos presupuestos equilibrados. Fijemos previsiones realistas de inflación para cada año. Adecuemos la política monetaria y el papel del Tesoro a esa expectativa.
Y mientras tanto, aprovechemos que la economía crece para fortalecernos como país:
• Con más y mejores infraestructuras;
• Más inversión en energías renovables;
• Más innovación tecnológica;
• Cuidando el medio ambiente
• Con más y mejores escuelas, hospitales y centros de atención a los mayores;
• Con más viviendas disponibles y mayor acceso al crédito;
• Con más y mejores equipamientos en las ciudades, especialmente en los barrios más abandonados;
• Y con más ayudas a la gente que vive en la pobreza.
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Les voy a dar un dato impresionante.
Durante el kirchnerismo, el gasto público se ha multiplicado por 6.
La pregunta es: ¿para qué? ¿acaso la prosperidad del país se ha multiplicado por 6?
¿La gente vive seis veces mejor, los servicios públicos tienen seis veces más calidad?
La respuesta es NO.
Lo único que se ha multiplicado por 6 o por mucho más, son las ganancias de los amigos del poder.
En esta Argentina partida en dos tenemos que empezar a derribar los muros:
Trabajo “formal” y trabajo “informal”;
Viviendas “dignas” y viviendas “precarias”;
Salarios “en blanco” y salarios “en negro”;
Salud para ricos y salud para pobres;
Escuelas ricas para niños ricos y escuelas pobres para niños pobres;
Este es el retrato de una sociedad tremendamente injusta
Pienso en la familia que vive por debajo del nivel de subsistencia;
En el trabajador que ha perdido su empleo y no encuentra otro ni tiene otros ingresos;
Pienso en ese joven que ha quedado atrapado por la droga y no sabe cómo salir de ella;
Pienso en la persona mayor que vive sola y no tiene quien se ocupe de ella o la haga un poco de compañía.
En el que padece una enfermedad grave y no puede ser tratado porque vive lejos o porque no puede pagase el tratamiento.
En el que tiene alguna discapacidad que le impide valerse por sí mismo.
Nunca negaré un peso para poder ayudar a esas personas. A los que no tienen nada ni posibilidad de tenerlo.
Yo quiero que la Argentina sea una sociedad de igualdad de oportunidades.
Que nadie se sienta en desventaja a causa de su origen familiar o del lugar en el que haya nacido;
Que la falta de recursos no sea un obstáculo para recibir una buena educación o una asistencia sanitaria adecuada;
Que el vivir en un pueblo o en un barrio periférico no prive a sus habitantes de las instalaciones y los servicios públicos que necesitan.
Amigas, quiero hablarles ahora, de los millones de mujeres que trabajan duro y que cuando llegan a casa aún tienen una segunda jornada de trabajo para ocuparse de su familia.
Nuestra obligación es ayudarlas a conciliar las obligaciones laborales y familiares, para que puedan dejar a sus hijos al cuidado de alguien si su trabajo lo requiere. Y para eso voy a poner en marcha un programa de guarderías.
Hay que suprimir las discriminaciones que aún sufren las mujeres para ser contratadas en muchas empresas. O la hiriente discriminación de que ganen menos que los hombres por hacer el mismo trabajo.
Y por supuesto, voy a ocuparme de la más intolerable de las discriminaciones, que es la violencia doméstica.
Voy a impulsar los cambios que garanticen amparo y protección a las mujeres y a los niños que son maltratados dentro del hogar.
Y voy a proponer que se endurezcan las penas para esta clase de delitos. Porque son muchas agresiones, muchas mujeres quemadas y muchos asesinatos que quedan impunes para vergüenza de todos.
Y miren, la autentica igualdad de oportunidades comienza en la educación.
La desigualdad económica se puede superar. La desigualdad educativa, no.
El chico que ha tenido una buena educación normalmente progresa en la vida. Pero el chico que ha tenido una mala educación carga con ella durante toda su vida.
¿Cuánto talento, cuánta capacidad se pierde por no haber sido capaces de preparar bien a nuestros jóvenes?
Una educación deficiente es una tragedia personal y un escándalo nacional. Simplemente, no nos lo podemos permitir. Ni como padres, ni como argentinos.
Este gobierno ha invertido en educación, es verdad. Pero no ha educado mejor, sino peor.
En el año 2000 estábamos a la cabeza de los índices de calidad educativa en el continente. Ahora hemos perdido casi diez puestos, y seguimos cayendo.
La escuela pública argentina era un ejemplo en toda Latinoamérica y ahora es un ejemplo de lo que no se debe hacer.
Tenemos una de las mayores tasas de fracaso escolar. Gran parte de los chicos abandonan los estudios antes de terminarlos. Y les voy a decir una cosa: si no lo arreglamos, y ahora, este país lo va a pagar muy caro.
Muchos padres saben cuántas veces sus chicos salen de casa para ir a la escuela pero no pasan el día allí, sino en la calle. Porque ese día no han ido los profesores. O por cualquier otra razón.
Lo que cualquier padre espera de la escuela de sus hijos, son tres cosas:
En primer lugar, que los formen como personas capaces de vivir en sociedad.
Que les transmitan los valores en los que creemos: el amor al trabajo, el respeto por los demás, el valor del esfuerzo, el sentido de la responsabilidad.
En segundo lugar, que los formen como ciudadanos.
Que aprendan a amar la democracia y a respetar las leyes. Que entiendan que la libertad de cada uno termina allí donde empieza la de los demás.
Que asuman desde el principio la cultura de los derechos y las responsabilidades.
Y en tercer lugar, que los formen como trabajadores y como profesionales. Que los preparen para salir adelante en un mundo en el que la competencia es cada día más exigente.
Este es el sistema educativo que yo quiero para mi país: una educación que eduque de verdad. Que premie el esfuerzo y el mérito.
Tenemos que ligar la educación al progreso del país:
Que todos los argentinos de cualquier edad puedan acceder a cursos gratuitos de informática e idiomas.
Estimular la enseñanza de las profesiones y los oficios más necesarios para el desarrollo.
Formar ingenieros, informáticos, científicos y geólogos.
Preparar a los torneros, los mecánicos y los herreros que nuestras empresas piden para mejorar su producción.
Argentina necesita una gran reforma de la educación.
Yo la haré. ELLOS NO LA HAN HECHO NI LA HARÁN.
Quiero que mi país tenga una democracia fuerte porque los argentinos sabemos muy bien a dónde conduce la debilidad democrática.
En una democracia fuerte, el imperio de la ley es la regla suprema de la convivencia.
Este gobierno actúa como si cumplir la ley fuera una cosa discrecional. Hoy la cumplo porque me conviene, mañana la dejo de cumplir también porque me conviene.
Pero la única ley que este gobierno siempre aplica es la indulgencia con sus amigos y la intolerancia para los que consideran sus enemigos.
En una democracia fuerte las reglas del juego son sagradas:
Las instituciones se respetan.
Los datos oficiales son veraces.
Las normas electorales se aprueban por consenso y se aplican sin trampas, como la de las colectoras.
En una democracia sana y fuerte no hay lugar para la corrupción.
Miren, Hay quienes creen que la calle es suya. Y que pueden hacer en ella lo que quieran y cuando quieran, aunque sea a costa de los demás.
Eso no es democracia. Eso no es libertad ni tampoco progresismo.
Y se equivoca mucho quien crea que es más democrático tolerar el desorden que defender el orden.
Esa es la democracia en la que yo creo, por la que llevo luchando toda mi vida y la que estoy dispuesto a defender con todas mis fuerzas.
Ahora está naciendo un nuevo orden mundial.
Se reparten de nuevo los poderes y las influencias en el mundo. Lo que antes se llamaba tercer mundo ahora se llaman potencias emergentes. Países antes periféricos pasan a ser centrales.
Argentina tiene que ser uno de esos países centrales en el nuevo orden.
Por primera vez estamos sentados en la mesa de las grandes decisiones;
El contexto económico mundial es muy favorable para los grandes productores de materias primas, y nosotros lo somos;
Latinoamérica emerge como una potencia cultural y económica de primer orden.
Y en ese contexto, el Mercosur es el instrumento más valioso que tenemos para que esta región sea cada vez más fuerte, más rica y más influyente en la economía mundial.
Yo quiero que Argentina esté con Brasil liderando el nuevo desarrollo y el nuevo protagonismo latinoamericano en el mundo.
Yo voy a cuidar la relación con nuestros vecinos, pero no la convertiré en un asunto de simpatías políticas o de amistades personales. Y mucho menos de negociados para los amigos del poder.
Aprovecharé nuestra presencia en el G-20 para defender nuestros intereses y nuestra visión del mundo, y no para dar lecciones de supuesto progresismo ni para buscar confrontaciones inútiles.
Haré que el mundo mire a la Argentina como un país respetable y previsible. Un país en el que se puede creer, en el que vale la pena invertir y con el que se debe colaborar. Un país a tener en cuenta.
Y voy terminando.
Si gano las elecciones, no voy a pretender que el mundo empieza el día en que Ernesto Sanz llegó a la Presidencia.
Lo que les ofrezco es un nuevo impulso para la Argentina. Un cambio positivo y reformista, no una refundación.
Con respeto por el pasado, y con ambición de futuro.
Sé que todos somos necesarios. Después de las elecciones para mí no habrá amigos o enemigos políticos, sólo ciudadanos argentinos libres e iguales.
Amigas y amigos:
Creo en esa sociedad en la que cada persona es libre para gobernar su propia vida e igual a todos los demás.
Yo creo en esa sociedad en la que la fortaleza colectiva compensa las debilidades individuales;
En la que los privilegios no se transmiten de generación en generación.
Los valores no son negociables. Las políticas, sí.
Por eso este es el momento del avance, no del retroceso. De la esperanza, no de la nostalgia. De la confianza, no del temor. De las certezas, no de las incertidumbres.
Hagámoslo ahora. Empezando el 30 de abril. Ese día cada voto cuenta. El de todos los afiliados, pero también el de todos los independientes que están cerca de nosotros.
Con el voto se consiguen grandes cosas. Votar es decidir, votar es gobernar, votar y ganar el 30 de abril es empezar a ganar en octubre.
Porque ese día más que elegir un candidato radical elegiremos al próximo presidente de todos los argentinos.
Viene un momento apasionante para la Argentina.
Les aseguro que si estamos unidos, si creemos en la Argentina como yo creo, si miramos hacia adelante, podemos llegar tan lejos como queramos.
No se trata de lo que cada uno puede hacer. Se trata de todo lo que podemos hacer juntos: compartir Argentina, compartir el futuro.
Les quiero agradecer a todos los que están hoy aquí por haber venido. Pero quiero hacerlo en especial con alguien a quién todos queremos.
Florentina, querida Florentina: tu vida se confunde con la de este partido. Llevás casi 100 años luchando por la libertad, por el progreso y por los derechos de las mujeres.
Y este es el día en que podemos hacer realidad todo aquello con lo que siempre has soñado.
Hagamos que suceda. Lo podemos hacer, lo queremos hacer y lo vamos a hacer!
Muchas gracias!

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